La partida de la legendaria artista no solo ha causado un hondo pesar, sino que encendió una chispa de nostalgia entre sus afortunados conocidos.
Las canciones, testimonios y vivencias compartidas con Totó la Momposina han vuelto a cobrar vida en la memoria colectiva tras conocerse su fallecimiento en México, el domingo 17 de mayo.
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La partida de la legendaria cantadora no solo ha causado un hondo pesar, sino que ha encendido una chispa de nostalgia entre quienes tuvieron la fortuna de cruzar caminos con ella, revelando la faceta más humana, espontánea y apasionada de la artista.
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La sencillez de Totó la Momposina, un alma andariega
Uno de los legados más hermosos que deja la folclorista es su conexión natural y desinteresada con el pueblo. El educador y gestor cultural Julio Adán Hernández recuerda la personalidad libre y sin ataduras de la cantadora.
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“Totó era como el viento, ella iba a donde el viento la llevara. Usted podía montarla en un burro, en una canoa, en una moto o en lo que fuera, pero siempre estaba en ese afán de entrar en contacto con la gente”, afirmó.
De los escenarios de Londres a la magia de Barranquilla
La complicidad entre Hernández y la artista se consolidó en 1997, en pleno Carnaval de Barranquilla, aunque él ya admiraba su grandeza desde la distancia. Poco antes, Totó había estado en el Barbican Center de Londres impulsando actividades culturales y recreando una especie de carnaval infantil junto a su hija, Angélica María.
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Allí, la artista observaba con asombro la diferencia entre los niños europeos y la soltura natural que tienen los pequeños del Caribe al bailar.
Ese vínculo distante se volvió estrecho de manera inesperada durante un Desfile del Rey Momo. Mientras Julio Adán participaba como jurado, sintió una mirada intensa entre la multitud: era Totó, quien con su característico desparpajo le gritó: “pica para acá”.
Al sentarse a conversar, le confesó que había llegado a la ciudad casi en secreto, movida por un profundo deseo de estudiar de cerca el Carnaval de los Niños.
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Aunque su plan inicial era pasar desapercibida, la pasión por la fiesta la desbordó. Hernández le propuso sumarse al desfile de inmediato. Le consiguieron un vestuario esa misma noche y, al día siguiente, Totó ya estaba bailando en la Vía 40 junto al grupo Congo Infantil Alegría.
Custodia de la identidad en manos de la infancia
Para la célebre intérprete, asegurar el relevo generacional era una prioridad absoluta. Su hijo, Marco Vinicio Oyaga Bazanta, relata que el mayor sueño de su madre siempre fue educar a los niños en el valor de sus raíces, especialmente en una época en la que la música tradicional colombiana era casi invisible en el extranjero, opacada por la salsa y el vallenato comercial que se escuchaba en Inglaterra.
A Totó le preocupaba de sobremanera ver cómo los grupos ancestrales del Carnaval de Barranquilla perdían protagonismo, amenazando la esencia de la festividad. Por ello, apostó todo su esfuerzo a la niñez como el verdadero salvavidas del folclor.
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Esa devoción tuvo su máximo reconocimiento en febrero de 2017, cuando la Fundación Voz Infantil – Hola Juventud le otorgó un sentido homenaje durante la coronación del Carnaval de los Niños.
La artista barranquillera Aleksa Tatis, encargada de entregarle el galardón aquella noche, recuerda ese instante como uno de los momentos más sublimes y significativos de toda su trayectoria profesional.












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